POR DAVID DORANTES

“En cinco minutos llegas”.

Lo escuché más de una vez durante mi ascenso al Tepozteco. La frase parecía una promesa sencilla, casi un impulso para continuar. Sin embargo, caminaba otros cinco minutos, preguntaba nuevamente cuánto faltaba y recibía exactamente la misma respuesta.

Aquellos cinco minutos nunca llegaron.

Un camino que pone a prueba al visitante

Subir al Tepozteco fue lo más impactante de mi visita a Tepoztlán, Morelos. El sendero se vuelve exigente, la respiración cambia y cada tramo hace pensar que la cima debe estar muy cerca. Pero la montaña parece administrar sus distancias con reglas propias.

Con el paso de los minutos comprendí que la respuesta no intentaba engañarme. Era una forma de animarme a seguir. Tal vez, si me hubieran dicho cuánto faltaba realmente, el cansancio habría pesado más que la curiosidad.

Así avancé, sostenido por una promesa que se renovaba en cada encuentro: cinco minutos más.

Un pueblo rodeado de misterio

Tepoztlán no es solamente un destino turístico cercano a la Ciudad de México. Es un lugar envuelto en relatos sobre apariciones, energía, magia y chamanes. Historias que se cuentan entre habitantes y visitantes hasta formar parte de la identidad del pueblo.

No importa si uno cree o no en todas sus leyendas. Basta caminar por sus calles empedradas, mirar las montañas que lo rodean y observar cómo cambia la atmósfera para entender por qué tantas personas hablan de su magnetismo.

La pirámide levantada en lo alto del cerro, el Ex Convento de la Natividad, el tianguis, las artesanías y sus conocidas nieves conviven con una dimensión menos visible: la sensación de que Tepoztlán guarda algo que no termina de revelarse.

El refugio de Chavela Vargas

Ese carácter libre y misterioso también atrajo a Chavela Vargas, una mujer cuya voz parecía cargar el peso de muchos caminos. La cantante eligió vivir sus últimos años en Tepoztlán, donde encontró un refugio acorde con su personalidad, su historia y su manera intensa de habitar el mundo.

Su presencia permanece ligada a la memoria del pueblo. No resulta difícil imaginarla entre aquellas montañas, en un lugar donde lo real y lo legendario conversan todos los días.

Quizá por eso me atrajeron tanto las historias de Tepoztlán. No por comprobar si cada relato era verdadero, sino por experimentar lo que provocaban en mí.

El magnetismo de regresar

Cuando finalmente llegué a la parte alta del Tepozteco, entendí que el valor del ascenso estaba precisamente en todo aquello que no ocurrió en cinco minutos.

La montaña me obligó a avanzar sin certezas, a administrar el esfuerzo y a confiar en que cada paso me acercaba, aunque no pudiera saber cuánto faltaba. Como sucede con muchas metas en la vida, la cima nunca llega en el tiempo que otros prometen.

Tepoztlán conserva para mí ese magnetismo. Es uno de esos lugares que no necesitan una explicación completa para llamarte de nuevo. Tal vez su magia esté en sus leyendas, en sus montañas o en la energía que tantas personas aseguran sentir.

O quizá esté en algo más sencillo: recordarnos que los caminos importantes rara vez duran solamente cinco minutos.

Cada camino deja una historia y cada paso una enseñanza. Hasta aquí mis Andares, soy David Dorantes recordándote que vivo para ser feliz.